Cáncer, ¿prevención vs curación?

5/04/2011

Debido a mi trabajo sé algo sobre cómo se desarrollan fármacos y tratamientos para curar enfermedades. El cáncer es quizás la enfermedad más importante; está muy extendida, es muy compleja y por lo tanto muy estudiada. Pensando sobre cómo se aborda en general el estudio del cáncer, uno tiene la intuición de que todo el esfuerzo se centra en el tratamiento de los enfermos y de que no hay prácticamente preocupación en la prevención, es decir en evitar que las personas enfermen. Más allá de unos vagos consejos sobre cómo disminuir las probabilidades de contraer cáncer, no hay mucho más.

Pues bien, resulta que esta impresión está muy fundada en la realidad. Pese a que para no morir de cáncer es mucho más eficaz no contraerlo que curarse; y que la prevención cuesta menos dinero a los sistemas de salud pública y salva más vidas, más del 95% del gasto público y por tanto la gran mayoría del esfuerzo de científicos, médicos e industria farmacéutica, están en la curación y no en la prevención del cáncer.

Debe haber razones importantes por las que nos estemos esforzando desde hace tanto tiempo y tan duro en empujar solo por el lado equivocado. Y las hay, en los artículos que he repasado para este post las detallan.

Por un lado para la industria farmacéutica es muy difícil desarrollar fármacos preventivos. El desarrollo de un fármaco es un proceso caro, para un fármaco preventivo sería más caro todavía puesto que debería ser más seguro que los habituales. Un enfermo está dispuesto a correr cierto riesgo con un tratamiento que puede curarle de una enfermedad mortal, pero ¿qué riesgo asumirá una persona sana para no contraer una enfermedad que probablemente ni siquiera contraiga sin tratamiento? Ninguno. Además probar que un fármaco previene necesita mucho más trabajo que probar que cura, hay que probar que las personas no enferman gracias al fármaco y que enfermarían si no fuese por el fármaco.

Los científicos también tienen problemas con la prevención. Montar un laboratorio e inducir tumores en animales es más fácil y controlable que tratar con el comportamiento y la psicología humanas. Además los resultados de la prevención no son tan vistosos para la sociedad como los de la curación. El éxito de la prevención significa seguir como estás, no se ofrece una mejora evidente, lo que se traduce en más dificultad para obtener financiación.

Para las administraciones públicas tampoco resulta fácil. La aplicación de políticas de salud pública para prevenir el cáncer pasan por hacer que la población cambie de hábitos, algo que siempre chocará con el rechazo de la ciudadanía. La gente interpreta estas injerencias en sus vidas como un ataque a su libertad personal, pero ¿cuál es el límite de tu libertad personal cuando no te haces responsable de los costes de tu libertad? Es una cuestión peliaguda cuando menos.

A pesar de todo, lo más importante para el fracaso de la prevención en mi opinión, es la percepción que tenemos del cáncer. Se cree que el cáncer “es un acto de Dios o de Darwin”. Que es una enfermedad que te sucede debido a causas que no puedes prever ni controlar. La realidad es bien distinta. El estilo de vida es mucho más determinante que los genes a la hora de contraer uno de los tipos de cáncer que matan a más gente en el mundo. El tabaco y la obesidad son los factores de riesgo más importantes y juntos dan cuenta de casi la mitad de los casos de cáncer. La relación entre cáncer y obesidad puede resultar novedosa; pero la evidencia es clara: el sobrepeso y el exceso de grasa corporal favorece que enfermes de cáncer.

Nos ha costado mucho esfuerzo y tiempo hacer que la gente no fume. Parece que decirle qué y cuánto comer costará mucho más, sobre todo porque la comida y en especial la relación de las personas con la comida forman un sistema muchísimo más complejo que en el caso del tabaco. A pesar de que las ciencias de la nutrición afirman tener una comprensión casi absoluta de la materia, todavía no son capaces de proporcionar criterios claros y concisos sobre nutrición saludable. Fallan en el aspecto general de la alimentación y sobre todo cuando destacan alimentos concretos y los llaman “anticáncer”.

Después de muchas décadas de estudio, las únicas recomendaciones fiables para la prevención del cáncer y de otras enfermedades muy extendidas son sencillas y generales: comer menos cantidad, más plantas y hacer ejercicio. Esto es todo lo que nos pueden dar honestamente, recomendaciones vagas pero fáciles de aplicar y baratas; aunque a veces nos quieren vender otra cosa.

La aplicación de estas reglas es responsabilidad de cada uno, aunque parece que las administraciones pueden dirigir nuestras decisiones hacia elecciones más saludables y más rentables económicamente para todos. Los instrumentos más eficaces en este sentido no son los que apelan a nuestra responsabilidad personal, sino los que tocan el bolsillo y además no son del tipo recompensa, sino castigos. Como ejemplo concreto, se ha demostrado que encarecer la comida insalubre influye más en la elección de qué comprar, que abaratar la comida saludable.

Con la lectura de estos artículos he rescatado en cierta forma dos ideas que me parecen muy importantes: (i) nos sentimos demasiadas veces como objetos pasivos a los que les ocurren cosas, pero somos responsables de muchas de ellas; (ii) para reclamar nuestra libertad personal tenemos que hacernos cargos de sus costes.

(1) cita del artículo titulado Breaking the cancer habit

Nature Outlook: Cancer Prevention. En concreto los artículos:

Brody, H. (2011). Cancer prevention Nature, 471(7339), S1. doi:10.1038/471S1a

O’Callaghan, T. (2011). The prevention agenda. Nature, 471(7339), S2. doi:10.1038/471S2a

Willyard, C. (2011). Lifestyle: Breaking the cancer habit. Nature, 471(7339), S17. doi:10.1038/471S16a

DeWeerdt, S. (2011). Food: The omnivore’s labyrinth. Nature, 471(7339), S22. doi:10.1038/471S22a

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Comida adictiva

26/11/2010


¿Qué hace tan apetitosa a la comida basura?. En primer lugar es obvio que tiene buen sabor, en general nos gusta la comida por su sabor, pero otra de sus características igualmente importante para que nos guste este tipo de comida es su alto contenido energético. 
Estamos adaptados para preferir comida calórica.
El aumento del tamaño del cerebro en la evolución humana trajo consigo la necesidad de aportarle una mayor cantidad de energía y la forma de conseguirlo fue comiendo alimentos más energéticos y menos costosos de digerir. El sabor de la comida calórica activa nuestros mecanismos de recompensa, es decir la parte del sistema nervioso central que enlaza los grupos de neuronas que producen sensaciones intensas de placer y satisfacción. Curiosamente, el cerebro es sensible al alto contenido energético de la comida, ratones insensibles al sabor dulce prefieren agua azucarada frente a agua edulcorada, estamos adaptados para detectar los alimentos más calóricos independientemente de su sabor.En las sociedades avanzadas vivimos en un entorno de abundancia de comida basura, el sobrepeso y la obesidad son prácticamente epidemias. Pero el hecho de disponer de grandes cantidades de comida apetecible no justifica que la comamos casi sin control. Hay un elemento adicional que tiene la comida basura y que la hace parecida a las drogas de abuso, que tiene mucho que ver con los circuitos de recompensa del cerebro. El hecho de saborear la comida aumenta los niveles de dopamina en una región del cerebro llamada nucleus accumbens implicada en el procesamiento de la recompensa, comer nos causa placer y esta respuesta de nuestro cerebro está regulada mediante el neurotransmisor dopamina. Pero, ¿cuánta comida activa esta recompensa? depende de dónde se sitúe el umbral de sensibilidad del sistema. Hay casos en los que ésta es baja por razones genéticas, se produce menor cantidad del receptor de dopamina D2R que provoca una disminución del efecto de la dopamina en el nucleus accumbens, de modo que se siente menos placer como respuesta a la comida. En estos individuos la activación de este circuito requiere más comida y que ésta sea más calórica, de modo que esta deficiencia genética está asociada con el aumento de peso a largo plazo. En un reciente artículo publicado en Nature Neuroscience se muestra cómo el acceso a la comida basura y por lo tanto la sobrealimentación embota la sensibilidad del circuito de recompensa en ratas. Estudian ratas a las que se expone a comida basura durante todo el día y que sólo pueden comer pienso. Las ratas que pueden comer mal, lo hacen cada vez que pueden, convirtiendo la comida basura en su principal fuente de calorías, aunque puedan comer su pienso mucho más saludable, eligen la comida basura consiguiendo un importante y esperado sobrepeso y reduciendo su actividad física, mientras sus compañeras que sólo pueden comer pienso se mantienen delgadas y activas. Lo interesante es que las ratas que más comida basura ingieren cambian su estructura cerebral en el nivel molecular, tienen menos receptores D2R, de modo que necesitan comer más para satisfacerse. Más aún, en experimentos en los que se disminuye artificialmente el número de receptores D2R de ratas mediante el empleo de virus, el aumento del umbral de recompensa sólo se produce en los individuos que comen comida basura, la cantidad de D2R por sí sola no es suficiente para inducir baja sensibilidad a la recompensa. Además los animales que han probado la comida basura soportan corrientes eléctricas para poder comer más, a diferencia de los animales que nunca la han probado, y rehusan volver a comer su pienso habitual después de haber sucumbido al placer de las calorías. Comer comida basura puede incidir en la plasticidad del cerebro, haciendo a los individuos más vulnerables a los comportamientos compulsivos, dado que la menor cantidad de D2R en personas obesas está relacionada con un metabolismo reducido en las áreas corticales prefrontal y orbitofrontal, responsables del control inhibitorio sobre el comportamiento. La obesidad y la adicción a drogas parecen surgir del mismo tipo de respuesta de adaptación de los sistemas de recompensa del cerebro.Este estudio muestra cómo el sobrepeso y la obesidad pueden ser prevenidos si tenemos presente por un lado que el abuso de la comida basura y por tanto los problemas de salud asociados no están siempre determinados genéticamente; el simple hecho de comer comida basura la hace más irresistible, de modo que cada persona tiene el control de lo que come. Por otro lado debemos eliminar la simplificación de que el sobrepeso y la obesidad son cuestiones de fuerza de voluntad, cuando se está habituado a comer mal se desarrolla una adicción y la fuerza de voluntad por sí sola no basta. 

Aiello, L.C. y Wheeler, P. (1995) The expensive tissue hypothesis: the brain and the digestive system in human and primate evolution. Current Anthropology, 36, 199-221. doi: 10.1086/204350

De Araujo et al. (2008) Food Reward in the Absence of Taste Receptor Signaling. Neuron 57,  6, 930-941.doi:10.1016/j.neuron.2008.01.032

Johnson, PM: y Kelly PJ. (2010) Dopamine D2 receptors in addiction-like reward dysfunction and compulsive eating in obese rats. Nature Neuroscience (advance online publication) doi:10.1038/nn.2519

Artículo publicado en Uciencia

Imagen derivada del trabajo de Salim Vijri

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Light también engorda

26/11/2010

No hemos cambiado mucho en los últimos 40000 años más o menos -si excluimos el desarrollo cultural- lo que significa que nuestro cuerpo está adaptado a un entorno natural en el que la escasez de recursos era la principal característica. La comida no abundaba ni mucho menos y había que hacer grandes esfuerzos para conseguirla. La comida nos proporciona la energía que necesitamos para vivir, de modo que estamos adaptados para desearla de una forma muy simple, obtenemos placer comiendo a través de la experiencia de los sabores, que en el fondo son una indicación de la energía que contiene el alimento.Pero nuestro entorno ha cambiado mucho, lo hemos cambiado nosotros y lo hemos hecho demasiado rápido, nuestro cuerpo no se ha adaptado a este nuevo entorno y sigue reaccionando como lo hacía hace decenas de miles de años. Una de las cosas que ha cambiado es la disponibilidad de la comida, ahora no tenemos que hacer grandes esfuerzos para obtener grandes cantidades de comida en las sociedades autodenominadas desarrolladas, pero seguimos con el mismo afán por comer. Hay otro cambio que puede ser más importante, además de más comida, ahora la hacemos más densa en energía, lo que significa más apetitosa, y el resultado final como ya sabemos es que engordamos y mucho, la obesidad se asume como epidemia y el sobrepeso es tan común que está completamente normalizado en nuestras sociedades, de hecho a veces los “raros” son los que tienen un peso “normal”.Cuando nos damos cuenta de que disponer de demasiada comida sabrosa (densa en energía) es un problema porque acabamos comiendo demasiado, optamos por solucionarlo de dos formas distintas. Por un lado tratamos de evitar comer esta comida, lo que supone un esfuerzo de disciplina constante y navegar contracorriente, uno tiene poco menos que mirar con lupa  las etiquetas en el supermercado y resistir muchas tentaciones que la industria alimentaria nos pone por delante. En el fondo si comemos más es porque compramos más, ellos ganan. La otra opción nos la brinda la misma industria, siguiendo la lógica de separar sabor y contenido energético, que la naturaleza se empeñó en asociar. Tomemos un ejemplo, los refrescos y su versión light. Un refresco tiene mucho azúcar, por eso está tan bueno, pero ya tenemos asumido que no debemos comer tanto azúcar… pero están tan buenos…La solución que se nos propone es comer un azúcar falso, una sustancia que sea tan dulce o más que el azúcar, pero que no podemos metabolizar, no podemos romper sus enlaces y usar su energía, tenemos refrescos dulces (sabrosos) y sin calorías. ¡Problema solucionado! podemos seguir disfrutando (y comprando). ¿Sí?. Examinemos la cuestión desde otra perspectiva.Aprendemos muy pronto en nuestra vida que el dulzor de un alimento es indicativo de su contenido calórico, desde el primer contacto con la leche materna. Desarrollamos la habilidad de usar el dulzor  para predecir el contenido energético de la comida, nuestro cerebro de hace 40000 años está afinado para buscar ese escaso tesoro energético, y nos anticipamos y preparamos para su digestión y el aprovechamiento de la energía mediante sistemas hormonales, termogénicos y metabólicos que activa el cerebro simplemente al saborear el dulce. Esta habilidad de predecir si una comida tiene muchas o pocas calorías nos sirve ademas para realizar los ajustes necesarios que nos evitarán acumular el exceso de energía como grasa, en definitiva al saborear algo dulce nos preparamos para extraer y consumir esa energía extra.¿Qué consecuencias tiene engañar engañar al cerebro con azúcar falso?. Esto es lo que se preguntaron Susan Swithers y Terry Davidson de la Universidad de Purdue, EEUU. El experimento planteado es sencillo, ratas de laboratorio expuestas a yogur endulzado con azúcar (más calóricos) o edulcorado con sacarina (menos calóricos) durante cinco semanas. En los yogures calóricos el sabor dulce sirve para predecir correctamente que la comida es energética, en cambio las ratas que comían yogur con sacarina eran las engañadas. La hipótesis que se evalúa en este trabajo es que dado que el condicionamiento pavloviano (dulce = energía) contribuye al control de la ingesta de comida energética, cuando se perturba este condicionamiento la regulación de la energía que se consume es menos eficaz. El resultado, sencillo: al engañar al cerebro se pierde la eficacia el sistema de regulación de la energía que se ingiere, los efectos visibles son aumento de peso y aumento de la proporción de grasa corporal. Los autores sugieren el consumo de productos edulcorados artificialmente como una causa de sobrepeso y obesidad.La conclusión que podemos extraer es que bebiendo refrescos light confundimos al cerebro sobre la cantidad de energía que estamos tomando, el dulzor ya no significa nada, perdemos la conexión con las necesidades energéticas de nuestro cuerpo, en lugar de comer para satisfacer el hambre, tendemos a comer y comer. El refresco diseñado para darnos el placer del dulce sin preocupaciones consigue que engordemos. 

Swithers SE, Davidson TL. A role for sweet taste: calorie predictive relationsin energy regulation by rats. Behav Neurosci. 2008 Feb;122(1):161-73. PMID: 18298259

Inspirado en Soda por Jonah Leherer
 Imagen de Lawrence Yang

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