¿Por qué lo llaman mente cuando quieren decir cerebro?

14/02/2013

La Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) promueve la divulgación científica en neurociencia, entre otras áreas. La mente y su relación con el cerebro son realmente interesantes. Su profundidad y complejidad son mayores de lo que se aprecia a primera vista y escapan del ámbito estrictamente científico, entrando de lleno en el filosófico.

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Meditando duele menos

15/09/2011

Un proverbio (proverbio queda mejor que refrán) budista dice: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. La idea que destaca es que a pesar de que las condiciones físicas son las que son (dolor), la mente puede modular y determinar la percepción de esas condiciones físicas (sufrimiento). Pero esto no pasa solo con el dolor y el sufrimiento. La perspectiva actual es que nuestra percepción del entorno no es un mero reflejo pasivo de lo que pasa, sino que es un proceso activo de construcción de lo que pasa en el que influyen nuestras experiencias, nuestro conocimiento y nuestras expectativas. Podemos incluso pensar que las condiciones físicas objetivas no existen por sí mismas, lo que existe es nuestra percepción de ellas y esta percepción depende de nuestra mente… Pero estoy adentrándome en terreno filosófico y, aunque apasionante, no es el objeto de este blog.

Eliminar el dolor es algo bueno a todas luces, pero su reducción o eliminación de forma sistemática tiene un lado malo: nos hacemos especialmente intolerantes al dolor por pequeño se sea, a la vez que dependemos demasiado de fármacos que no curan el problema que causa dolor sino que apagan la alarma del cuerpo que nos indica que tenemos un problema.

Como la mayoría de las veces esos problemas de salud son pequeños y se van solos no suele pasar nada. Aunque nos vamos acomodando en una postura, una forma de ver las cosas que es preocupante: en lugar de trabajar sobre las causas de los problemas de nuestro cuerpo trabajamos (compramos) remedios para las consecuencias, atajos, que evitan que solucionemos el problema de fondo. La imagen que siempre me viene a la cabeza es la de alguien que huele un poco a humo y oye como se dispara la alarma antiincendios. En lugar de apagar el fuego que todavía es pequeño abre la ventana y apaga la alarma; las consecuencias pueden ser muy inconvenientes si el fuego no se apaga solo. Veo muchos ejemplos de este comportamiento en la vida diaria. Si tengo alto el colesterol en lugar de aumentar mi actividad física y comer mejor, me tomo un potingue que anuncian en la tele; si voy estreñido compro unos yogures especiales, en vez de beber suficiente agua y hacer algo de deporte. Podría seguir con la lista de ejemplos, pero vuelvo a divagar. Esta vez me centro de verdad.

Ya se ha demostrado que el dolor como percepción se crea o al menos se modula por la mente, la idea de que la mente puede reducir o eliminar el dolor surge rápidamente. Se ha demostrado que es así, pero lo que no se sabía hasta ahora es cómo. Estudiar los procesos mentales es algo complicado, no hay ningún instrumento que permita ver o leer la mente de un sujeto. Lo más que se puede hacer es estudiar los eventos o procesos  cerebrales que están relacionado con eventos mentales. La imagen por resonancia magnética permite ver qué zonas del cerebro se activan (se ve que aumenta el flujo de sangre en la zona) cuando el sujeto realiza un evento mental concreto. Es decir, puedes ver qué zonas del cerebro están funcionando cuando alguien siente miedo, o decide apostar dinero, o trata de recordar, o cuando siente dolor, por poner algunos ejemplos. 

Fadel Zeidan y sus colaboradores en el artículo que comparto hoy se plantean estudiar cómo la mente puede reducir la percepción del dolor, viendo qué regiones del cerebro se activan cuando los sujetos de los experimentos son expuestos a calor intenso (dolor) y tratan de disminuir su percepción del dolor. Pero, ¿qué hacen estas personas para reducir su percepción del dolor? Meditan.

La técnica de meditación que se usa en este experimento es muy sencilla. Sólo hay que concentrarse plenamente en la respiración, en cómo el aire entra y sale por la nariz. Cuando aparece un pensamiento hay que darse cuenta de que se ha perdido la concentración y volver a ella, sin evaluar el pensamiento ni el tiempo de meditación que se haya podido “perder”. Esta técnica es una de las formas de meditación con atención plena (Mindfulness o shamatha en sánscrito), una de las muchas prácticas de meditación desarrolladas desde hace más de dos mil años y cuyo funcionamiento (no solo para disminuir el dolor) ha sido ampliamente probado.

Lo interesante aquí es que no hay que ser un meditador experto para poder beneficiarse de la disminución del dolor. Los cobayas de este estudio recibieron clases de meditación durante solo cuatro días, 20 minutos al día y redujeron la intensidad experimentada del dolor entre 20% y 93%. También redujeron el sufrimiento asociado al estímulo doloroso entre un 11% y 70%. Impresionante para unos meditadores novatos. Para comprobar que estos efectos se debían a la meditación y no a la capacidad de disminuir el dolor que tuviese cada persona, antes de enseñarlos a meditar les dijeron que se concentrasen en la respiración pero eso no disminuyó ni la intensidad ni el sufrimiento causado por el dolor. La práctica (incluso tan breve) de la meditación reduce el dolor mediante varios mecanismos mentales, que se correlacionan con la activación de las regiones del cerebro asociadas al procesamiento de la señal nerviosa causada por el dolor y en la evaluación de la intensidad del dolor. Los autores sugieren que la meditación además puede funcionar de modo parecido al efecto placebo, pero con una gran ventaja sobre éste: se puede usar a voluntad.

Yo no he realizado ningún experimento que relacione meditación y dolor, pero por mi experiencia intuyo que la capacidad que adquiere alguien que medita de poner distancia entre estímulos y respuestas, es un factor que contribuye a que uno pueda elegir no sufrir aunque experimente algo que se llama dolor. La aplicación práctica de este estudio no es “cuando te duela la cabeza medita en lugar de tomar una pastilla” sino “medita, te dolerá menos la cabeza y no será tan importante que te duela un poco”.

Zeidan, F., Martucci, K. T., Kraft, R. A., Gordon, N. S., McHaffie, J. G., & Coghill, R. C. (2011). Brain mechanisms supporting the modulation of pain by mindfulness meditation The Journal of neuroscience 31(14), 5540–5548. doi:10.1523/JNEUROSCI.5791-10.2011

Una de las referencias de este artículo tiene buena pinta: Wallace BA (2006) The attention revolution: unlocking the power of the focused mind. Somerville, MA: Wisdom Publications.

Imagen cortesía de jessebezz.

Al hilo de este post también quiero recomendar un libro muy práctico de un autor muy interesante: El arte de la meditación de Matthieu Ricard.

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¿Tu cerebro come carne?

14/12/2010

Lo más usual entre los vegetarianos o veganos es que hayan sido omnívoros antes. En algún momento y por algún motivo que depende de cada persona en cuestión, cambian su dieta porque se les hace importantes las consideraciones éticas hacia los animales y el medio ambiente. En general, los vegetarianos y los veganos (estos evitan el uso de productos de origen animal) tienen una filosofía moral basada en valores y actitudes hacia los seres vivos, la naturaleza y la sociedad, que condiciona su elección de lo que comen.

Excepto los motivos basados en la salud personal, la motivación principal de alguien que se hace vegetariano está relacionada con la compasión y la empatía, el sufrimiento que se le causa a los demás cobra importancia por algún motivo y conduce al cambio de los hábitos de alimentación.

La empatía es la cualidad que provoca que suframos con el sufrimiento ajeno. Los seres humanos tenemos la habilidad de entender que otras personas son seres como nosotros, con mentes como la nuestra. Esta habilidad resulta de la actividad de diversas regiones del cerebro, que también están implicadas en el procesamiento de emociones, la concurrencia en las mismas regiones del cerebro de las emociones propias y las que percibimos de seres a los que les atribuimos una mente, explicaría por qué somos seres empáticos, somos capaces de sufrir al observar el sufrimiento de otros. Esta cualidad mental puede observarse monitorizando la activación de las regiones implicadas cuando se expone al sujeto a escenas de violencia y sufrimiento de otras personas o animales, porque también somos sensibles al sufrimiento de los animales. La empatía no se limita sólo al ser humano, sufrimos cuando observamos el sufrimiento de otros animales en función de nuestro parentesco evolutivo con ellos, por ejemplo, con mamíferos más que con aves.

De este razonamiento surge la hipótesis de que los vegetarianos son más sensibles al sufrimiento de otras personas y de los animales. Filippi et al. la ponen a prueba monitorizando la activación de las regiones cerebrales de un grupo de veganos, vegetarianos y omnívoros cuando se les expone a escenas en las que personas o animales sufren.

Aunque vegetarianos, veganos y omnívoros tienen perfiles de regiones activadas característicos y ligeramente diferenciados entre sí, los sujetos que no come carne presentan una mayor activación de las áreas cerebrales relacionadas con la empatía que los que sí comen carne al presenciar el sufrimiento de animales y también de personas. Además activan más regiones cerebrales que los omnívoros indirectamente relacionadas con la empatía.

Una cuestión que no se aborda en este trabajo es qué ocurre cuando alguien cambia su dieta, es decir, un vegetariano/vegano por lo general no lo ha sido toda su vida, en algún momento ha cambiado su hábitos alimentarios, principalmente movido por la compasión y la empatía. Lo que nos muestra este estudio es que ese cambio se refleja en una arquitectura cerebral particular. Es posible que el cerebro de una persona que va a terminar siendo vegetariana ya sea distinto, más empático, aunque esta empatía permanezca reprimida esperando algo que le permita manifestarse en la conducta.

Aunque también puede ser que el hecho de conocer la extrema crueldad con la que se produce la carne para el consumo haya cambiado su cerebro en primer lugar y este cambio produzca un aumento de empatía que conduzca al cambio de hábitos. Esta situación resulta muy interesante porque significa que los factores externos, la información que recibimos del exterior y procesamos, puede cambiar la forma en que se conecta y funciona nuestro cerebro.

Filippi et al. The brain functional networks associated to human and animal suffering differ among omnivores, vegetarians and vegans. PLoS ONE (2010) vol. 5 (5) pp. e10847 doi:10.1371/journal.pone.0010847

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