Meditando duele menos

15/09/2011

Un proverbio (proverbio queda mejor que refrán) budista dice: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. La idea que destaca es que a pesar de que las condiciones físicas son las que son (dolor), la mente puede modular y determinar la percepción de esas condiciones físicas (sufrimiento). Pero esto no pasa solo con el dolor y el sufrimiento. La perspectiva actual es que nuestra percepción del entorno no es un mero reflejo pasivo de lo que pasa, sino que es un proceso activo de construcción de lo que pasa en el que influyen nuestras experiencias, nuestro conocimiento y nuestras expectativas. Podemos incluso pensar que las condiciones físicas objetivas no existen por sí mismas, lo que existe es nuestra percepción de ellas y esta percepción depende de nuestra mente… Pero estoy adentrándome en terreno filosófico y, aunque apasionante, no es el objeto de este blog.

Eliminar el dolor es algo bueno a todas luces, pero su reducción o eliminación de forma sistemática tiene un lado malo: nos hacemos especialmente intolerantes al dolor por pequeño se sea, a la vez que dependemos demasiado de fármacos que no curan el problema que causa dolor sino que apagan la alarma del cuerpo que nos indica que tenemos un problema.

Como la mayoría de las veces esos problemas de salud son pequeños y se van solos no suele pasar nada. Aunque nos vamos acomodando en una postura, una forma de ver las cosas que es preocupante: en lugar de trabajar sobre las causas de los problemas de nuestro cuerpo trabajamos (compramos) remedios para las consecuencias, atajos, que evitan que solucionemos el problema de fondo. La imagen que siempre me viene a la cabeza es la de alguien que huele un poco a humo y oye como se dispara la alarma antiincendios. En lugar de apagar el fuego que todavía es pequeño abre la ventana y apaga la alarma; las consecuencias pueden ser muy inconvenientes si el fuego no se apaga solo. Veo muchos ejemplos de este comportamiento en la vida diaria. Si tengo alto el colesterol en lugar de aumentar mi actividad física y comer mejor, me tomo un potingue que anuncian en la tele; si voy estreñido compro unos yogures especiales, en vez de beber suficiente agua y hacer algo de deporte. Podría seguir con la lista de ejemplos, pero vuelvo a divagar. Esta vez me centro de verdad.

Ya se ha demostrado que el dolor como percepción se crea o al menos se modula por la mente, la idea de que la mente puede reducir o eliminar el dolor surge rápidamente. Se ha demostrado que es así, pero lo que no se sabía hasta ahora es cómo. Estudiar los procesos mentales es algo complicado, no hay ningún instrumento que permita ver o leer la mente de un sujeto. Lo más que se puede hacer es estudiar los eventos o procesos  cerebrales que están relacionado con eventos mentales. La imagen por resonancia magnética permite ver qué zonas del cerebro se activan (se ve que aumenta el flujo de sangre en la zona) cuando el sujeto realiza un evento mental concreto. Es decir, puedes ver qué zonas del cerebro están funcionando cuando alguien siente miedo, o decide apostar dinero, o trata de recordar, o cuando siente dolor, por poner algunos ejemplos. 

Fadel Zeidan y sus colaboradores en el artículo que comparto hoy se plantean estudiar cómo la mente puede reducir la percepción del dolor, viendo qué regiones del cerebro se activan cuando los sujetos de los experimentos son expuestos a calor intenso (dolor) y tratan de disminuir su percepción del dolor. Pero, ¿qué hacen estas personas para reducir su percepción del dolor? Meditan.

La técnica de meditación que se usa en este experimento es muy sencilla. Sólo hay que concentrarse plenamente en la respiración, en cómo el aire entra y sale por la nariz. Cuando aparece un pensamiento hay que darse cuenta de que se ha perdido la concentración y volver a ella, sin evaluar el pensamiento ni el tiempo de meditación que se haya podido “perder”. Esta técnica es una de las formas de meditación con atención plena (Mindfulness o shamatha en sánscrito), una de las muchas prácticas de meditación desarrolladas desde hace más de dos mil años y cuyo funcionamiento (no solo para disminuir el dolor) ha sido ampliamente probado.

Lo interesante aquí es que no hay que ser un meditador experto para poder beneficiarse de la disminución del dolor. Los cobayas de este estudio recibieron clases de meditación durante solo cuatro días, 20 minutos al día y redujeron la intensidad experimentada del dolor entre 20% y 93%. También redujeron el sufrimiento asociado al estímulo doloroso entre un 11% y 70%. Impresionante para unos meditadores novatos. Para comprobar que estos efectos se debían a la meditación y no a la capacidad de disminuir el dolor que tuviese cada persona, antes de enseñarlos a meditar les dijeron que se concentrasen en la respiración pero eso no disminuyó ni la intensidad ni el sufrimiento causado por el dolor. La práctica (incluso tan breve) de la meditación reduce el dolor mediante varios mecanismos mentales, que se correlacionan con la activación de las regiones del cerebro asociadas al procesamiento de la señal nerviosa causada por el dolor y en la evaluación de la intensidad del dolor. Los autores sugieren que la meditación además puede funcionar de modo parecido al efecto placebo, pero con una gran ventaja sobre éste: se puede usar a voluntad.

Yo no he realizado ningún experimento que relacione meditación y dolor, pero por mi experiencia intuyo que la capacidad que adquiere alguien que medita de poner distancia entre estímulos y respuestas, es un factor que contribuye a que uno pueda elegir no sufrir aunque experimente algo que se llama dolor. La aplicación práctica de este estudio no es “cuando te duela la cabeza medita en lugar de tomar una pastilla” sino “medita, te dolerá menos la cabeza y no será tan importante que te duela un poco”.

Zeidan, F., Martucci, K. T., Kraft, R. A., Gordon, N. S., McHaffie, J. G., & Coghill, R. C. (2011). Brain mechanisms supporting the modulation of pain by mindfulness meditation The Journal of neuroscience 31(14), 5540–5548. doi:10.1523/JNEUROSCI.5791-10.2011

Una de las referencias de este artículo tiene buena pinta: Wallace BA (2006) The attention revolution: unlocking the power of the focused mind. Somerville, MA: Wisdom Publications.

Imagen cortesía de jessebezz.

Al hilo de este post también quiero recomendar un libro muy práctico de un autor muy interesante: El arte de la meditación de Matthieu Ricard.

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