Porqué ningún bebé debería dormir solo

24/01/2011

IreneComo muchos otros aspectos de nuestra vida, nuestro comportamiento está moldeado por la cultura y a veces nos comportamos de forma muy distinta a lo que podríamos considerar como natural, unas veces a nuestro favor y otras en nuestra contra. Cuando se ha establecido una forma de hacer las cosas y se toma como normal vemos muy claro lo malo
que es hacer las cosas de la forma contraria, incluso aunque nos demuestren que estamos equivocados.

Uno de estos comportamientos culturales que se oponen a nuestros comportamientos naturales es la forma en la que hacemos dormir a los bebés. Hacer que el bebé duerma solo y separado de sus padres, incluso en una habitación distinta, es un comportamiento cultural y bastante reciente considerando que nuestra especie tiene más de 40000 años. Nuestro comportamiento natural es que los padres (y en especial la madre) mantenga el contacto físico con el bebé incluso mientras duermen, lo que facilita otro comportamiento natural, que el bebé pueda mamar frecuentemente. Esta forma de dormir se llama colecho y los dos artículos que inspiran este post repasan la ciencia que hay detrás del colecho.

El colecho está muy relacionado con la lactancia materna, no es extraño que  los comportamientos culturales opuestos también lo estén; los bebés que duermen con su madre suelen mamar y los que duermen solos suelen tomar biberón. A pesar de que hay muchas pruebas científicas que muestran el beneficio de que nuestras crías no duerman solas, la creencia de que un bebé saludable debe aprender a dormir solo está muy extendida, así como que dormir con un bebé es perjudicial para todos e incluso peligroso para su salud, ¿por qué seguimos creyéndolo?. Esta confusión tiene varios culpables, uno de ellos es la mezcla entre malos planteamientos en los primeros estudios sobre el sueño del bebé e ideas preconcebidas.

A mediados del siglo pasado, se aconsejaba a las madres que le dieran el biberón a sus hijos pronto, la mayoría de madres dejaban de dar el pecho al salir del hospital, ya que establecer la lactancia materna suele ser duro para las madres y si encima incluso los médicos dicen que la leche artificial es mejor que la materna, es difícil ir a contracorriente. 

A esto sumamos que a pesar de que se entendía que un bebé nace sabiendo pedir atención, tragar, defecar y un montón de cosas más, igual que el resto de mamíferos; resulta que la opinión médica autorizada estableció que un bebé no sabe dormir. En lugar de estudiar y tratar de entender cómo duermen los bebés y por qué duermen de forma distinta a los adultos, se pensó que los bebés debían dormir como los adultos y que había que enseñarlos a dormir, por su propio bien. El tema de por qué y cómo hay que enseñar a dormir a un bebé y no hay que enseñarlo a llorar por ejemplo es muy interesante, lo trataré en otro post. 

Si uno se plantea saber cómo duerme un bebé, puede  estudiar cómo duermen los bebés en distintas culturas y cómo duermen las crías de nuestros primos primates (chimpancé, gorila y orangután). Seguro que extrae información valiosa, como efectivamente ha pasado. Por ejemplo sabemos que las crías de los primates son muy dependientes de sus madres, nacen muy inmaduras comparadas con otros mamíferos. La consecuencia es que necesitan mucho contacto físico y mamar poco cada vez y muchas veces, la leche materna está preparada para esto es baja en proteínas y grasas y se digiere rápido. De todos los primates, las crías humanas son las más inmaduras, las que más contacto físico y relación con sus padres necesita y las que más frecuentemente maman. Sabiendo esto, resulta obvio que el bebé necesita dormir con su madre.

 Cuando se hicieron los primero estudios sobre el sueño del bebé en Estados Unidos a mediados de los 50 no se preocuparon en saber cómo duermen los bebés en otras partes del mudo o las crías de otros primates, simplemente estudiaron a los bebés que tenían a mano, lo más común era que el bebé durmiese solo y tomase biberón, de modo que cualquier bebé que no durmiese como el bebé solo y con biberón, dormía mal. Pasar de aquí a la idea de que dormir solo es lo mejor para el bebé porque fomenta su independencia y que dormir junto a sus padres es malo, es muy fácil y estas ideas calaron hondo en nuestras sociedades occidentales.

Muchos estudios recientes han desmentido esta creencia, ahora se sabe cómo duerme un bebé, por qué duerme de forma distinta a sus padres los primeros meses y se tienen muchas pruebas de que es mejor para el cuerpo, el cerebro y la mente del bebé que duerma en la misma cama que su madre. También se ha demostrado que en circunstancias normales es completamente seguro dormir con tu bebé. Sobre todo en torno a un asunto inquietante, el síndrome de muerte súbita del lactante. No se sabe bien por qué, pero algunos niños menores de un año mueren sin causa aparente. Aunque sí sabemos algunas cosas, es más probable que tu bebé muera de forma repentina si fumas en casa, si eres alcohólico o drogadicto (la probabilidad de muerte súbita sigue siendo baja). Aunque la probabilidad de muerte súbita es baja, también aumenta si la respiración no es uniforme o duerme boca abajo. Esta postura era muy común en los niños alimentados con biberón para aliviarle los gases (la leche artificial se digiere peor y da más problemas digestivos), ahora cualquier pediatra recomienda que el bebé duerma tumbado sobre su espalda. Resulta que los bebés que duermen con su madre nunca están tumbados sobre el vientre, así es imposible mamar y resulta que la respiración del bebé es más tranquila y uniforme cuando duerme son su madre. El colecho no evita la muerte súbita, pero es totalmente seguro y saludable para el bebé. Otra cuestión es la comodidad de los padres.

Blanchard and Vermilya. Bedsharing: toward a more holistic approach in research and practice. Holist Nurs Pract (2007) vol. 21 (1) pp. 19-25. pmid: 17167328

McKenna and McDade. Why babies should never sleep alone: a review of the co-sleeping controversy in relation to SIDS, bedsharing and breast feeding. Paediatr Respir Rev (2005) vol. 6 (2) pp. 134-52. doi: 10.1016/j.prrv.2005.03.006

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