¿Por qué lo llaman mente cuando quieren decir cerebro?

por amoyag el 14/02/2013

La Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) promueve la divulgación científica en neurociencia, entre otras áreas. La mente y su relación con el cerebro son realmente interesantes. Su profundidad y complejidad son mayores de lo que se aprecia a primera vista y escapan del ámbito estrictamente científico, entrando de lleno en el filosófico.

El artículo siete del decálogo para comunicar la neurociencia de la AECC dice:

Transmitir que algo tan íntimo y aparentemente intangible como las emociones o la percepción de uno mismo residen en el cerebro. Hallar explicaciones no es ver la vida con frialdad. La materia, en este caso la materia gris, es emocionante.

La afirmación subyacente es que el cerebro crea la mente. De aquí se deduce que podemos entender la conciencia, es decir la mente, a través del estudio del cerebro. Estas afirmaciones se llevan más allá aun identificando mente con cerebro como ilustra Daniel Dennett en La conciencia explicada:

La concepción dominante, expresada y defendida de muy diversas maneras, es el materialismo: es decir, la idea de que sólo hay un tipo de sustancia, la materia, la sustancia física de la química, la física y la fisiología, y según la cual la mente no es nada más que un fenómeno físico. En pocas palabras, la mente es el cerebro. Según los materialistas, podemos explicar (en principio) cualquier fenómeno mental con los mismos principios, leyes y materias primas físicas que nos sirven para explicar la radioactividad, la deriva continental, la fotosíntesis, la reproducción, la nutrición y el crecimiento.

La AECC supone que esto es una verdad, un hecho científicamente demostrado. El problema es que la afirmación “la mente es el cerebro” no está fundamentada en evidencias científicas. Es una creencia muy extendida, que vertebra la neurociencia y que se considera evidente –aunque solo es evidente desde el materialismo, que es el marco filosófico que permea todo el pensamiento científico. Debería ser una pregunta “¿Es la mente igual al cerebro?” y deberían existir líneas de investigación dedicadas a falsar esta hipótesis.

De este modo la afirmación “la mente es el cerebro” no es científica (lo cual no significa que sea o no verdad), aunque en el lenguaje habitual esto ni siquiera es cuestionable. La impresión que se lleva alguien que se acerque a las neurociencias es que su objetivo es entender el cerebro. Dando por hecho que “La mente es el cerebro” los científicos borran la palabra mente de la argumentación; así abundan los ejemplos en los que el cerebro “nos engaña”, “nos hace creer”, “piensa”, “proyecta en nosotros”, “se toma la molestia de”, “construye la representación de la realidad”, y una larga lista de habilidades que repasa Raymond Tallis en su crítica a Descubriendo el poder de la mente de Chris Frith.

Pero incluso dejando de lado la idea de que yo soy mi cerebro, me resulta sorprendente el optimismo que lleva a afirmar que podemos entender la mente estudiando el cerebro. O reformulado en esta suerte de neuro-Neolengua: me resulta sorprendente el optimismo con el que se da por hecho que entendemos el cerebro. En el ensayo que quiero comentar, Alfred Gierer repasa cómo la visión materialista sobre la relación mente-cerebro conduce a una teoría científica de la mente:

A basic function of the brain is storing and processing information. Now we know that every function of information processing that one can model in formal, mathematical terms can, in principle, be executed by a computer on the basis of physical interactions of its constituents. […] one expects all the formally representable functions of information processing of the human brain to be based on physical chemical processes in the nervous system. This argument indicates that a scientific explanation is possible in principle but it is not the explanation in itself, which can only be achieved by neurobiology. […] When mental states are unambiguously linked to physical-chemical states of the nervous system, and these follow the laws of physics, it is tempting to assume that a comprehensive scientific theory of the brain–mind relationship should be possible.

A continuación Gierer incide sobre las razones no solo prácticas sino epistemológicas* por las que sería imposible entender la mente a través del cerebro, entre las que destaco nuestra capacidad de auto-referencia. Una característica principal de la mente es ser consciente de sí misma. Aparecemos en nuestros propios pensamientos tal como somos, como interpretamos que nos perciben otros, como interpretamos que interpretamos que nos perciben otros… Estas imágenes de nosotros mismos son representaciones abstractas que estarían codificadas en el cerebro, de modo que el cerebro-mente debería contenerse a sí mismo, pero ningún sistema físico puede contener una copia completa de sí mismo. Dicho de otro modo, de acuerdo con la evidencia experimental, el cerebro sigue las mismas leyes físicas que las máquinas; pero una máquina que fuese como un ser humano (o como un cerebro humano) sería ininteligible para un ser humano. Si pudiéramos entender dicha máquina, esta no sería como un ser humano.

Si podemos acceder a la mente de otra persona mediante las palabras, los gestos y nuestra empatía obtenemos más conocimiento del que podríamos obtener mediante un análisis físico de su cerebro por minucioso y completo que sea. Quizás es por eso que aunque existimos en un mundo físico y material, usamos elementos inmateriales como la comunicación y la empatía para acceder directamente a otras mentes, en lugar de usar elementos materiales para acceder a otras mentes indirectamente a través de sus cerebros.

*Tuve que buscar esta palabra en el diccionario, pues al haber bebido tanto del cientifismo omnipresente en nuestra sociedad pensaba que epistemología era el estudio de la ciencia, cuando es el estudio del conocimiento. Para mí conocimiento y ciencia eran sinónimos.

Tallis R. (2007) Not all in the Brain. Brain 130 (11): 3050-3054 doi: 10.1093/brain/awm250

Gierer A. (2008) Brain, mind and limitations of a scientific theory of human consciousness. BioEssays 30:499–505 doi: 10.1002/bies.20743

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